dissabte, 30 d’octubre de 2010

Retalls de premsa. Quelcom més que nens moguts (2)


"En el colegio es otro chico"

"Mi hijo lleva un año con pastillas y está aprobando todo. Esto es igual que darle hierro si tuviera anemia o insulina si fuera diabético. En el colegio dicen que es otro chico. Lo que importa es su autoestima, que el gato cace ratones...", confiesa una madre con un hijo en segundo de la ESO diagnosticado hace un año. Pero a los padres les cuesta asumir la etiqueta TDAH para sus hijos. "Y más aún que puedan hacer de conejillos de Indias", confiesa la madre de un chico de 12 años que lleva dos con tratamiento. "Si ves una evolución positiva, no pones objeciones. Pero no veo lógico medicar a un chaval desde los 10 hasta los 16 años", se queja. "Naturalmente, si remiten los síntomas, como en cualquier otra enfermedad, se retira la medicación", responde el psiquiatra Josep Antoni Ramos-Quiroga. "Tiene una evolución larga y no existen estudios de seguimientos longitudinales en el tiempo, lo que impide ser preciso", disiente José Luis Pedreira, especialista en psiquiatría del hospital del Niño Jesús de Madrid. "Parece que en algunos chicos los síntomas remiten y en otros se cronifican, tal vez porque se trate de una expresión precoz de otras psicopatologías o porque estemos ante un futuro trastorno de personalidad", concluye.

"Ellos saben que tienen un problema, y nosotros le ponemos nombre", sostiene el neuropediatra Alberto Fernández-Jaén. Lamenta, además, que niñas con déficit de atención sin hiperactividad (ésta se manifiesta más en chicos) sufran sus malas notas en silencio. Admite que las exigencias escolares y sociales hacen que ahora el síndrome sea más intenso, no más frecuente. Recuerda que las dificultades de lectura están presentes en el 40% de los casos, y se pregunta si algunos colegios no tendrían que adaptar la metodología en vez de limitarse. Reconoce, de todos modos, que el profesor es un instrumento imprescindible para el diagnóstico precoz, ya que suele ser el primero en dar "la voz de alarma". Aunque advierte: "Los colegios no son los que tienen que hacer el diagnóstico".

No todos siguen la medicación al pie de la letra y hay padres que la suprimen en los periodos vacacionales. Pero la principal laguna es la falta de apoyo psicopedagógico con que crecen muchos niños medicados. Para muchas familias, llevar a su hijo al psicólogo o al logopeda cada semana supone una fuerte carga económica. Aceptar la pastilla, con todo el dramatismo que implica al principio, es para ellos algo asumible, un mal menor. "La medicación por sí sola no es la panacea. Mi hijo ha madurado, tiene profesor de apoyo y va mejor, pero no hay un cambio espectacular", añade la madre del niño de 12 años. "Así que, honestamente, no sé qué pinta en todo esto la pastilla. Al principio, además, la dosis se le quedaba corta, y volvía del colegio más inquieto aún. Acaban de subirle la dosis, vamos a ver. ¿Cuántos años tendré que ir con la receta del neurólogo al pediatra para que me la pase a la Seguridad Social?", se pregunta.

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